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Carlos Portocarrero es Artificial Intelligence Software Consultant para Centroamérica y Caribe. 

Carlos es Mercadólogo y Consultor, cuenta con amplia experiencia en la administración de productos y segmentos. Desde su rol, explota la expreriencia adquirida en su carrera y su facilidad para recomendar estrategias de comercialización, basadas en Inteligencia Artificial. Ha trabajado para empresas de tecnología, banca y consultoría tales como Cabletica, Citi y PwC, entre otras


Inteligencia Artificial: Una tendencia que no es pasajera

19 Septiembre, 2018 | Hace no muchos días, el máximo representante de uno de los monstruos de Silicon Valley dijo: “la Inteligencia Artificial es una de las cosas más importantes que la humanidad está desarrollando en este momento. Es quizás más importante que lo que la electricidad o el descubrimiento del fuego representaron en su momento”. Una aseveración que quizás no debería tomarse a la ligera, considerando el salto cualitativo en el estilo de vida que el fuego y la distribución eléctrica para usos prácticos nos dieron. Otros gurús tecnológicos apremian a sus pares y a foros de expertos a tomar acciones inmediatas para regular el uso de la Inteligencia Artificial y lo que deberíamos permitirle alcanzar, a fin de proteger a la humanidad de escenarios donde las máquinas toman control de nuestras vidas. Sea o no acertado lo que estos señores mencionan, es innegable que la Inteligencia Artificial está dando de que hablar, generando muchísimo furor y expectativa a nivel global, y las razones son muchas y abarcan casi todas las aristas de la sociedad y los negocios. Dicho esto, ¿qué es Inteligencia Artificial? La podemos definir como la rama de la ciencia de la computación que busca emular la forma en que el ser humano entiende, procesa y razona sobre una base de conocimiento dada (es decir, datos), con el fin de generar resultados que permitan a las personas tomar decisiones. Una de las habilidades más destacables de la Inteligencia Artificial es la de analizar y entender datos no estructurados, a diferencia de los otros algoritmos usados en informática. Un dato no estructurado es toda aquella pieza de información sin un modelo predefinido o que no tiene una organización sistemática delimitada. Como ejemplos podemos nombrar:  fotografías, videos, artículos periodísticos, documentos en pdf, libros, correos electrónicos y clips de audio. Actualmente, se estima que el 80% de toda la información disponible corresponde a datos no estructurados, lo cual nos lleva a identificar inmediatamente la importancia de tener herramientas que nos permitan desgranar toda la información que se encuentra cruda pero al alcance.    La Inteligencia Artificial, por supuesto, también puede procesar datos que tienen un modelo definido y provienen de una fuente específica o un campo determinado en un registro. A éstos les llamamos datos estructurados. Ejemplos de ellos son: hojas de cálculo, registros, bitácoras y, en general, bases de datos y archivos de texto con columnas, títulos y etiquetas para un rápido acceso. El efecto “bola de nieve” de los datos Volviendo a los datos no estructurados, ¿quién es el mayor creador de este tipo de información? La respuesta es: nosotros mismos. Gracias al acceso que tenemos a generadores de contenido como teléfonos inteligentes, tablets, wearables y otros gadgets, cada día se generan 2.5 quintillones de bytes de datos digitales... ¡cada día! Para poner esto en términos fáciles de interpretar, es la cantidad de bytes que se necesitaría para llenar 36 millones de iPads. Está de más decir que esa avalancha de información es imposible de manipular para cualquier ser humano u organización sin la ayuda de un set de herramientas con una altísima capacidad de procesamiento, y es en este punto donde la Inteligencia Artificial juega un papel ineludible que va a transformar la forma en que nos comunicamos, tomamos decisiones, nos divertimos y hacemos negocios. En resumen, la Inteligencia Artificial nos permite clasificar, analizar y tomar decisiones de toda índole, con base en información de tres categorías: audio, texto e imágenes. Las empresas deben tomar cartas en el asunto ¡ya!  Voy a evitar la tentación de llenarlos de datos de estudios, encuestas y cifras y les voy a contar parte de lo que he podido rescatar. Tanto en Latinoamérica como en el resto del mundo, más del 70% de los tomadores de decisiones en las empresas (llámese C-Level o Mid-Management) saben que deben invertir en soluciones de Inteligencia Artificial, tienen planes de hacerlo o ya lo están haciendo activamente. Gartner, McKinsey & Company, World Economic Forum y Harvard Business Review, por mencionar algunos, publican amplia información sobre este tema, por lo cual los invito a consultar dichas fuentes y que corroboren lo que les digo por ustedes mismos. Ahora, muchas de estas empresas caen en la categoría de “early adopters” y cumplen con ciertas características como: ser transnacionales, tener madurez digital, dar prioridad al crecimiento por encima del ahorro, tener capacidad de adopción de múltiples tecnologías y contar con un C-Level que apoya las iniciativas de IA. En Latinoamérica tendemos al escepticismo y ser pioneros en ocasiones nos asusta; preferimos esperar y ver qué sucede con los que deciden dar el primer paso. Sin embargo, las organizaciones deben evitar sucumbir a la tentación de “ver los toros detrás de la barrera”, ya que puede ser una postura peligrosa que lleve a crear vulnerabilidad frente a la competencia (existente y emergente) y a los clientes. No es necesario adoptar una estrategia agresiva de implementación de soluciones basadas en IA, pero sí que se debe hacer un diagnóstico hacia adentro, evaluar las opciones, tendencias y empresas expertas en IA y empezar a dar pasos hacia la vía de la automatización, por muy pequeños que sean. Considero que la imagen anterior es sumamente ilustrativa, porque permite ubicarse en la relación beneficio / tiempo de cualquier empresa, extrapolada con el momento en que emergen nuevas tecnologías que nos afectan y llegan a convertirse en norma de mercado. Sería bueno preguntarse: “¿en qué punto está mi empresa y adónde estamos ubicando la posición de la Inteligencia Artificial?” Encontrar la receta ideal La Inteligencia Artificial no es una varita mágica que trae resultados y dispara los KPIs por sí sola. Para que un proyecto o solución con IA sea exitoso, debe haber una conjunción de ingredientes que van desde un adecuado levantamiento de requerimientos, procesos robustos, adopción de una estrategia digital y una cultura organizacional que permita llevar las implementaciones a buen puerto. Adicionalmente, se debe considerar el matrimonio natural que existe entre la Inteligencia Artificial y otras ramas tecnológicas como IoT, Blockchain, RPA, analítica de datos, robótica y muchas tantas más. Al final, todo se resume en buscar los mecanismos para sacar provecho de la gran cantidad de datos que se encuentran disponibles para capturarlos y utilizarlos para tomar decisiones bien fundamentadas. La adopción de la Inteligencia Artificial debe ir orientada hacia discernir cuáles son los casos de uso donde se añaden herramientas que mejoran o eficientizan las tareas de los trabajadores de la empresa, al mismo tiempo que se optimizan o eliminan los procesos, ojalá transversalmente en múltiples áreas de la organización. Antes de pensar en Inteligencia Artificial como un todo, las empresas deben entender cuáles son sus puntos de dolor y dónde existen oportunidades de mejora. Esto se logrará con un equipo multidisciplinario y comprometido, ya sea a lo interno de la compañía, con un aliado estratégico - tecnológico o una mezcla de ambos. La Inteligencia Artificial ya llegó y no se va a ningún lado ¿Qué esperar como sociedad y como fuerza laboral? Me atrevería a decir que un tercio de los artículos que salen publicados sobre la IA, se enfocan en subrayar cómo la difusión de esta tecnología va a eliminar millones de puestos de trabajo en un futuro no muy lejano. Recordemos que la automatización de labores se ha materializado en diferentes etapas de la humanidad, como durante Revolución Industrial y más “recientemente” con la adopción de los microcomputadores en prácticamente todas las etapas de una cadena productiva. ¿Se vieron millones de empleos perdidos gracias a esto? No, pero sí se dio una adaptación paulatina para adquirir nuevas capacidades y el trabajo físico cedió su lugar a habilidades más enfocadas en la resolución de problemas. Claro está, no podemos descartar la vulnerabilidad de ciertos puestos ante la adopción de la IA en las empresas, principalmente en logística, agricultura y manufactura, pero mi opinión es que, en términos generales, la tecnología no nos va a desplazar en el campo laboral, sino que va a potenciar nuestra productividad y nos va a ayudar a adquirir o fortalecer habilidades que no explotamos por falta de tiempo. Recuerde cuántas veces se debe haber dicho a sí mismo o ha escuchado en los pasillos de su empresa: “me gustaría poder enfocarme más en decisiones estratégicas y menos en actividades operativas”. Siguiendo con la idea anterior, me gustaría exponer algunos ejemplos más ilustrativos: El abogado que tiene a su disposición un asistente virtual legal con capacidad de procesar millones de documentos de litigios, le hace recomendaciones y le evita invertir horas de su tiempo en investigación, permitiéndole enfocarse en armar su caso basado en cantidades enormes de datos que de otra forma no habría podido procesar. El abogado sigue siendo necesario, pero su tiempo se invierte más eficientemente y puede atender más clientes para su firma. El obrero de minería que, ante la duda sobre cuál herramienta es la indicada para perforar en determinadas condiciones, consulta por voz a su smartphone qué pieza debe acoplar y obtiene respuesta con la imagen, dimensiones y características de la misma. El obrero no se vuelve imprescindible y evita cometer errores costosos y potencialmente mortales. El reclutador de personal que, en vez de leer, clasificar y desechar cientos de solicitudes de empleo, ingresa a su portal de reclutamiento y cuenta con una sugerencia para una terna de candidatos a ser entrevistados. El reclutador no deja de existir, pero se enfoca en convocar candidatos que se ajustan a lo que la empresa busca para un determinado puesto. El CEO que le solicita a su Asistente Virtual Inteligente que le muestre los dashboards actualizados mientras espera poder mover su vehículo en una congestionada vía. El CEO nunca va a ser imprescindible pero le va a encantar poder tener la información cuando la requiera. Casos de uso como estos son incontables. El punto al que quiero llegar es que no debemos ver la inclusión de la Inteligencia Artificial en nuestro entorno de trabajo como una amenaza, sino como una oportunidad de aprovechar nuestras capacidades intelectuales y cognitivas en tareas más gratificantes para nosotros y nuestro empleador. Si esto no es del todo tranquilizador, supongamos que se cumple lo previsto por muchos expertos, y para finales de la próxima década la Inteligencia Artificial ya es capaz de superarnos en traducir texto, escribir artículos y operar vehículos en las carreteras de forma totalmente autónoma. Van a haber aspectos en los que las máquinas todavía no van a poder superarnos y dudo que sea algo que nuestra generación pueda presenciar. Estas capacidades son las tan comúnmente llamadas “habilidades blandas” o “soft skills” como: pensamiento crítico, creatividad, adaptabilidad de nuestro cerebro al cambio, negociación, toma de decisiones, empatía y habilidad de comunicarnos con nuestros pares. La humanidad debe dar un giro hacia fortalecer ese set de habilidades que ya son inherentes a nosotros, para que, en conjunto con la Inteligencia Artificial, logremos avances realmente asombrosos y cambiemos nuestro destino para bien. Se dice que más de la mitad de los puestos trabajos del futuro aún no existen; pero lo que se requiere para desempeñarlos ya lo traemos desde que nacemos. No podemos tapar el sol con un dedo y negar que Watson de IBM nos supera en capacidad de almacenamiento, procesamiento y análisis, pero sí debemos estar claros en que tenemos que preguntarnos, como sociedad, si la definición actual que tenemos de la inteligencia humana es la correcta.