Para utilizar las funcionalidades completas de este sitio, es necesario tener JavaScript habilitado. Aquí están las instrucciones para habilitar JavaScript en tu navegador web .

La dinámica de los mercados de nuestra época obliga a las empresas a ser más versátiles, con infraestructuras tecnológicas más flexibles, seguras y escalables. Ante este panorama, no hay dudas de que el almacenamiento en la nube llegó para quedarse.

Suponemos que, a estas alturas del siglo, ya está familiarizado con este término. No obstante, partiendo del hecho de que todavía habrá personas o líderes de organizaciones que no tienen claro el concepto, lo volvemos a establecer.

Las nubes son entornos de las Tecnologías de la Información que extraen, agrupan y comparten recursos escalables con una red. Imagínese así todo un con junto de nodos como computadoras, formando parte de una red, en donde estos dispositivos electrónicos pueden almacenar información, acceder a una misma documentación simultáneamente en el momento y sitio que así lo deseen.

Esa disponibilidad sucede, precisamente porque los recursos no están hospedados en servidores específicos de su compañía o discos duros locales, sino que la información se aloja en la red (internet) dándonos esa independencia de acceso en todo momento.

Dentro del concepto de nube, sobresale el término Cloud Computing. Aunque algunas personas han llegado a pensar que ambos conceptos implican lo mismo, estas no son tan siquiera tecnologías en sí mismas. Por un lado, las nubes son entornos donde se ejecutan las aplicaciones, mientras que el Cloud Computing es la acción o función que se encarga de ejecutar cierta carga de trabajo en una nube. Finalmente, las tecnologías per se son los sistemas de software y hardware que se utilizan para diseñar y usar las nubes. Teniendo una vez más este refrescamiento de conceptos, es necesario hacer un breve recorrido sobre los diferentes tipos de nubes que hay y cuáles representan hoy un mayor uso en el mercado por parte de las organizaciones.

La nube pública

La nube pública es un entorno de almacenamiento creado a partir de recursos ajenos al usuario final, que pueden redistribuirse a otros inquilinos. Estos servicios informáticos son ofrecidos por proveedores externos a través de la internet pública, estando disponibles para todo aquel que desee utilizarlos o comprarlos, tal es el caso de IBM Cloud.

Estas nubes pueden ahorrar a las empresas grandes gastos relacionados con la compra, administración y mantenimiento de hardware e infraestructura de aplicaciones locales, pues de ello se encargan sus proveedores.

La escalabilidad sigue siendo una característica de las nubes. Bajo esta característica, todos los empleados de una empresa pueden usar la misma aplicación desde cualquier oficina o sucursal, con el dispositivo que prefieran siempre y cuando se tenga acceso a internet.

La nube privada

En términos generales, estas nubes son entornos de almacenamientos diseñados exclusivamente para un usuario final. Esto es, por ejemplo, cuando una empresa realiza la inversión para que se le cree un espacio de alojamiento en la red donde pueda almacenar y consultar información. Esos recursos a su vez podrán ser consultados por sus colaboradores, desde cualquier dispositivo, siempre y cuando estén conectados a internet y dentro de su red física o virtual.

Esta modalidad de nube ha empezado a ser utilizadas por las empresas en centros de datos alquilados de otros proveedores que se encuentran fuera de las instalaciones. Todas las nubes se convierten en nubes privadas cuando la estructura de la informática es exclusiva para un solo usuario.

La nube híbrida

Si lo que anda buscando es una arquitectura de TI que incorpore las bondades de los dos entornos anteriores, posiblemente la nube híbrida sea su mejor opción. Este entorno de nube se compone de al menos una nube pública y una privada, dos o más nubes privadas, dos o más nubes públicas.

La forma en la que funcionan las nubes públicas y privadas siendo parte de una nube híbrida es similar a como lo hacen de forma independiente. Una red de área local, una red de área amplia y una red privada virtual. Las nubes independientes se vuelven híbridas cuando esos entornos se integran y se comunican entre sí, de la forma más sencilla.

Aunque todavía hay organizaciones que no se atreven (o se arriesgan) a tener su información dentro de una nube pública, esto por la amenaza que representa para sus datos, la nube híbrida es el paso intermedio ideal para esas compañías.

Por un lado, está el centro de datos y la parte más crítica de nuestros procesos protegido y controlado, mientras que por el otro se resuelven el resto de las necesidades con soluciones en la nube pública.

Es importante destacar que los entornos de nube pública y privada que forman la nube híbrida son entidades únicas e individuales. La integración o la parte clave en que ambas se complementan para formar la nube híbrida es mediante una interfaz de programación de aplicaciones, quien se encarga de asignar las cargas de trabajo de una nube pública y una privada.

Las ventajas más relevantes de la nube híbrida se derivan de su composición mixta. Hay un mayor control, haciendo que las compañías tomen la decisión de qué información crítica se queda en el ámbito privado y cuál se queda en el público, flexibilidad relacionada con su escalabilidad, así como los recursos que puede aportar la nube pública. También se pueden mencionar la optimización de costes, pagando solo por lo que se usa y la sencillez que implica su migración.

¿Cuándo deberían las empresas plantearse el paso a una nube híbrida?

Sí es una realidad que muchas compañías están optando por las nubes híbridas. Los datos han demostrado que este mercado está en crecimiento. Para el año 2015, hace 4 años, más del 85% de los CISOs (Chief Data Security Officers por sus siglas en inglés), afirman que sus empresas están migrando a la nube, según un estudio realizado por IBM.
Bajo esta demanda, el responsable de aquellas compañías que están pensando en migrar a la nube debería plantearse algunas cuestiones antes de optar por esta opción:

  • ¿Para qué y cómo se va a usar la nube pública durante los próximos 2 años?
  • ¿Qué servicios de nube pública utiliza la empresa y cuáles se deben mantener?
  • ¿Qué plataformas locales es necesario conservar?
  • ¿Cómo se integrará la nube híbrida con las cargas de trabajo actuales?

A medida que más empresas adoptan los lineamientos de una economía digital, se ha generado una fuerte demanda por parte de Directores de Tecnología (CTO’s) por estar en la nube. Ante este panorama, los entornos de una nube híbrida les permite acelerar el proceso de innovación para satisfacer las nuevas necesidades del negocio.

Las empresas que aún tienen temor de colocar su información en la nube, perfectamente pueden hacer un clasificación de la información más sensible del negocio y aquella que si bien le pertenece, no implicaría mayor daño en caso de ser consultada por terceros
Jose Peterson, Vicepresidente de Cloud Services de Clarify360

Ante esa situación, la nube híbrida es la solución ideal. Las empresas por ejemplo podrían tener su portal web, donde los clientes ven información sobre sus horarios de atención y ubicación de oficinas. Este portal bien podría entrar en la nube pública, pero cualquier otra información asociada a datos del cliente, realización de transacciones, acceso a registro médico requeriría de un entorno seguro.

De ahí que, la organización puede segmentar este acceso a datos, asignando diferentes direcciones, según la seguridad de asociados, es esto justamente lo maravilloso de los entornos híbridos.


Compartir este artículo


Escribe un comentario